Dificultades físicas y económicas en la alimentación

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Soy celíaco…. soy diabético… ¿qué sigue?

Por Cristina Garcerán y Adriana Montemayor

08/05/18

La alimentación es uno de los principales pilares de la salud humana. Todos los seres vivos necesitan alimentarse para poder crecer, obtener energía y desarrollar actividades. Con los los alimentos que se ingieren el organismo es capaz de descomponer estos nutrientes y utilizarlos para diferentes procesos que se desarrollan dentro de él: mantener los huesos fuertes, reparar tejido muscular, reproducir las células y garantizar un buen funcionamiento y regeneración del cuerpo en general.

Según la nutrióloga Paulet Lozano, muchas personas confunden el término “comer” con “alimentarse”. La acción de comer implica el hecho de ingerir sustancias que no necesariamente alimenten. En cambio, alimentarse requiere comer alimentos que aporten algún beneficio a nuestro cuerpo, de la acción de alimentarse depende la de nutrirse, el proceso donde el cuerpo toma lo mejor de los alimentos para así promover múltiples funciones y procesos de nuestro organismo.

Por otra parte, la nutrióloga Anabel Leal del Centro Médico San Francisco asegura que hay una tendencia a que las personas con medios y bajos recursos se alimenten de una manera poco saludable, y los de altos recursos tienen una tendencia a alimentarse mejor, ya sea por moda, por salud o por bienestar físico.

Por eso mismo, los expertos en nutrición son tan insistentes en que llevar una buena alimentación es imprescindible y que no vale sólo con comer, sino alimentarse de forma inteligente, pensando en qué es lo que se está comiendo y en qué beneficios se aportan al cuerpo, un templo que acompañará a cada ser humano durante toda su vida.

Alimentación saludable Foto cortesía Síndrome-Adicciones.es

Claramente, según la doctora Norma Peña -egresada de la Universidad de Monterrey-, existen alimentos más caros que otro, pero al igual una buena alimentación no es sinónimo de mayor costo. -Muchas veces se pueden seguir consumiendo los mismos alimentos que se acostumbran pero en una cantidad adecuada-, afirma y agrega que no es necesario, por ejemplo, comprar frutas ni verduras orgánicas.

El tema de investigación cuestiona si alimentarse de forma sana y completa es económicamente caro. Pero no solo el tema de la salud es el que abordaremos en esta investigación. Los problemas de salud de algunas personas les obliga de forma directa a comer “más sano” o “alimentos especiales”. También analizaremos cómo estos alimentos, básicos para esas personas con problemas de salud, hacen que se encarezca la cesta de la compra del afectado o si por el contrario esto no ocurre. Las primeros  afectados por enfermedades de los que vamos a hablar son los celíacos. Estos son intolerantes al gluten. Esta enfermedad puede aparecer a cualquier edad y está muy ligada a la diabetes puesto que casi el 10% de personas que sufren diabetes tipo 1 son celíacas. Los celíacos son intolerantes al gluten ya que si lo toman reaccionan mediante una respuesta inmunológica que causa la inflamación y la posterior destrucción de parte de las vellosidades intestinales. Dichas vellosidades son vitales en la función de nutrición ya que son las responsables de la absorción de los nutrientes. Sin éstas, resulta muy difícil la absorción de nutrientes básicos y puede comprometer el desarrollo del individuo.

El tratamiento de esta enfermedad se basa en la exclusión total del gluten de la alimentación por lo que en este trabajo también se buscará en los supermercados de Monterrey qué alternativas alimenticias tienen los afectados por esta dolencia y cuánto cuesta en términos económicos sostener esta alimentación.

De la misma forma se investigará sobre los diabéticos, quienes sufren una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) en sangre son muy elevados. Esa glucosa proviene de los alimentos que el individuo consume. De esta forma para controlar esas cantidades, un cuerpo sano produce una hormona llamada insulina. En las personas que sufren de diabetes esta hormona no se produce o no se usa de forma adecuada. Sin suficiente nivel de insulina, la glucosa permanece en la sangre. La líneas básicas en la alimentación de las personas con diabetes puede girar en torno a lo que se denomina dieta mediterránea, basada en legumbres, carbohidratos complejos, verduras, frutas y, muy de vez en cuando, alimentos azucarados.

Sin gluten: Más allá de una etiqueta

La importancia de una dieta libre de gluten para los celíacos radica en una sintomatología muy diversa. En la mayoría de los casos se trata de problemas abdominales como diarrea crónica, dolor y distensión abdominal, meteorismo, pérdida de peso, cansancio o fatiga, anemia y cambios de comportamiento, según explica la nutrióloga Anabel Leal. Sin embargo, a largo plazo conlleva situaciones más graves como osteoporosis o desnutrición.

Según el periódico El Financiero, los alimentos libres de gluten son hasta 12 veces más caros que los comunes debido a su proceso de elaboración, puesto que requieren maquinaria independiente a la de un alimento tradicional.

Un paquete de avena libre de gluten de 450 gramos tiene un precio de 129 pesos, 10 veces superior al mismo alimento de elaboración tradicional que cuesta unos 12.50 pesos.

Se analizaron algunos productos en el supermercado HEB y se comparó su precio, como se muestra a continuación.

Comparación de productos con y sin gluten en HEB MÉXICO

      

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de ver estos productos (con y sin gluten), se puede afirmar que los alimentos sin gluten son realmente más caros que los que sí que llevan gluten. Naike Castillo, responsable de nutrición y el Dr. Schär reconocen que “el precio de los productos sin gluten, sin duda, es más elevado que el de los productos convencionales”. Aunque se espera que los precios se vayan igualando conforme avance la tecnología, porque según la doctora Naike el precio es tan elevado debido a “la calidad y la seguridad”. Ya que no se puede utilizar los mismos utensilios (aunque se laven) para hacer productos con o sin gluten. En acuerdo con esto, la doctora Peña establece que algunos productos sin gluten sí resultan con un mayor costo, asimismo, por los ingredientes que se necesitan para suplirlos.

“El pan con gluten se elabora básicamente con agua, harina, sal y levadura. Para hacer pan sin gluten, se necesita un listado más amplio de ingredientes”. De esta forma, suplir la función del gluten en los alimentos no es fácil y para ello se tienen que añadir otras sustancias para tratar de dar esponjosidad y elasticidad a la masa del pan. Cabe añadir que la administración pública mexicana no ha promovido ningún tipo de ayuda económica ni desgravación fiscal para la comunidad de los celíacos, resaltando que es una situación única e inexplicable dentro del marco de la comunidad celíaca europea y latinoamericana.  

Derecho constitucional a la salud

En México no se ha legislado sobre la materia, por lo tanto, no hay garantía alguna para el consumo de los mismos, debido a que la celiaquía no se trata como un asunto de Salud Pública.

En el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en el artículo 77 bis de la Ley de Salud se establece el derecho a la protección de la salud de todos sus ciudadanos. En el caso de México, se estima que sólo el 9% de sus ciudadanos están diagnosticados y existen 240 mil confirmados que son celíacos.

Es por ello que desde el Manifiesto Celíaco de México se pide al gobierno que la lista de alimentos aptos sean libres, gratuitas y elaboradas por la Secretaría de Salud o en su defecto, se obligue mediante reglamento a las empresas que los produzcan. Otra de las demandas es que se establezcan sanciones en la misma Ley para quienes, en abuso de sus atribuciones, mal informen sobre el contenido de los productos a sabiendas de que pueden estar contaminados con gluten.

Con esta información, se puede concluir que la cesta de la compra de un celíaco es bastante más cara que la de una persona que sí tolere el gluten. Y no sólo eso, sino que la regulación en México sobre la enfermedad es muy pobre, casi inexistente, fruto de la poca importancia que se le da a esta dolencia.

Alimentos sin azúcar: un asunto más normalizado en los últimos años

Los alimentos sin azúcar añadido son un alimento indispensable en la dieta de cualquier persona que tenga diagnosticada una diabetes. Desde el año 2000, la diabetes en México es la primera causa de muerte entre las mujeres y la segunda en los hombres. Sólo en 2010, esta enfermedad causó más de 83.000 muertes en el país. Uno de los principales requisitos para controlar la diabetes es evitar los alimentos altamente azucarados y los refrescos. Al mismo tiempo, si tienen una dieta alta en carbohidratos, los pacientes no podrán tener un adecuado control de su glucemia, según la doctora Peña, y esto les llevará a tener complicaciones microvasculares como retinopatía diabética, nefropatía, pie diabético, entre otros, así como macrovasculares como enfermedades cardiovasculares o accidentes cerebrovasculares. Los síntomas, según la nutrióloga Leal, son dificultad para respirar, aliento con olor frutal, naúseas, vómito y boca seca. A partir de esto, se ha buscado comprobar qué tan diferente es a nivel económico consumir productos sin azúcar.

Se analizaron diferentes productos en el supermercado HEB y se comparó su precio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por lo que se puede apreciar en estos alimentos, los productos sin azúcar pueden variar de precio, pero no un costo excesivamente elevado. De hecho, en este último ejemplo se puede comprobar cómo el chocolate sin azúcar es incluso más económico que el azucarado. Por ello, se concluye que los productos sin azúcar no suponen un extra en la cesta de la compra en las personas que deciden dejar de consumir azúcar añadido o simplemente por problemas de salud es recomendable no hacerlo.

Al padecer diabetes tipo 2, la señora Mirza S., madre regiomontana, considera que al comprar sus alimentos, lo más importante es “leer bien las etiquetas de cada producto”. Para elegir, debe observar cuál contiene menos sodio, menos calorías, menos grasa  y sobre todo que no contenga azúcar, y si llegase a tener algún endulzante que sea Splenda o Stevia. Asimismo, explica que casi nunca se batalla en encontrar productos que los diabéticos sí puedan consumir y que si en algún caso su precio es mayor debido al proceso de producción en el que se tienen que añadir componentes sintéticos. Una de las tiendas que prefiere por ser más accesible en cuanto a los alimentos y bebidas que consume en su dieta regular sería HEB (sucursal Av. Fundadores), ya que tiene mayor variedad de productos que otras zonas de la ciudad de Monterrey. En cuanto a restaurantes, Mirza afirma que no es un problema elegir restaurantes en la ciudad, al encontrar platillos accesibles para una dieta baja en azúcares casi en cualquier parte.

De esta manera, se encontró que ya hay muchas opciones “sugar free” para diabéticos cuyo costo no resulta tan elevado como antes porque se ha creado un poco más de conciencia en la industria alimentaria, además de que los diagnósticos de diabetes en México se han incrementado con el paso del tiempo, sobre todo por exceso de peso e inactividad física.

Rumbo a un México con alimentación más saludable

En la primera parte de la investigación se mencionaba la importancia de una correcta alimentación para estar nutridos adecuadamente. Una alimentación saludable es cuestión de calidad, cantidad y combinación. En México el desconocimiento en materia de nutrición es muy elevado. Según la Secretaría de Salud 6 de cada 10 personas en México no han oído hablar de los grupos de alimentos y solo 1 de cada 20 tiene conocimientos correctos de nutrición. Lamentablemente, el ritmo de vida de muchas personas es tan acelerado que comen lo primero que les quede de camino o que, por otra parte, no tienen los medios económicos para llevar una dieta balanceada.

Al respecto, la doctora Norma Peña explica lo siguiente: “La educación es fundamental para el desarrollo en varios ámbitos de la vida de las personas y la nutrición es uno de ellos. Desafortunadamente, la educación no es accesible para gran parte de la población mexicana y por consiguiente, no todos tienen conceptos básicos sobre alimentación”. Asimismo, afirma que esto se puede ver con adultos que piensan que un niño “gordito” es un niño sano, o bien que “estar a dieta” es dejar de comer.

Sólo se tiene que comparar el precio de productos sanos con otros que deberían de comerse una o dos veces por semana para entender porque es más barato alimentarse de “comida chatarra”. Nuevamente se han comparado los precios de la cadena HEB:

Como se puede comprobar, dos meriendas muy distintas. En un lado una dona de Maple, al otro casi medio kg de fresas. Los precios son considerablemente diferentes. De la misma forma, otra merienda, un paquete de galletas Chips Ahoy, y al otro, una fuente de grasas saludables y energía, las almendras. Con unos precios también bastante distintos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Teniendo en cuenta esto, se puede comprobar que los alimentos procesados, con azúcares refinados, saciantes (por la gran cantidad de grasa trans y azúcares) y por lo tanto, más atractivos para nuestros paladares son muchísimo más baratos que alimentos que se deberían consumir a diario por sus aportes vitamínicos y nutricionales.

En conclusión, los alimentos para celíacos suponen un gasto económico extra para los que sufren esta enfermedad, puesto que el proceso de fabricación así como la exclusividad del producto lo encarecen hasta 2 veces más que el producto con gluten. Además de que esta enfermedad se encuentra muy marginada en México puesto que no se le da la importancia que debería y eso desencadena en dos cosas: Que mucha gente está consumiendo gluten aunque esto es “veneno” para su salud, puesto que no están diagnosticados y además al ser una enfermedad que “no se tiene en cuenta”, los afectados no disponen de gran variedad de productos que puedan elegir para no dañar su organismo.

En cambio los diabéticos lo tienen un poco más sencillo, el gran empuje que ha tenido las campañas “sin azúcar” así como la enorme cantidad de personas que sufren esta dolencia en México (gran parte debido a la mala alimentación), ha conseguido que en los estantes de los supermercados aparezcan gran cantidad de productos sin azúcar a un precio asequible que asegura una gran cantidad de productos, incluso de diferentes marcas, para que todos aquellos que no puedan o no quieran consumir azúcar, puedan hacerlo.

Pero en el momento en el que se habla de “comida sana” o dieta saludable, el precio se dispara. Que un alimento no tenga azúcar no lo hace entrar dentro de la categoría de “saludable” de forma directa. Un alimento sin azúcar puede estar refinado o procesado, por lo que nos hemos referido a alimentos sanos aquellos que son naturales y con gran aporte de nutrientes. La conclusión ha sido que los precios de estos productos son exageradamente elevados con otros productos “basura”. Así pues la afirmación de que comer sano es más caro, es completamente cierta. “Hay que invertir en comida para invertir en salud.”, asegura la dietista Ana Sánchez. Aunque la nutrióloga Anabel Leal sugiere basar la dieta en la canasta básica para no afectar gravemente al bolsillo. ¿Existirá algún tipo de pacto entre la industria alimentaria y la industria farmacéutica? Quizás nunca lo sabremos. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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