La búsqueda de los jóvenes por apoyo psicológico

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En un momento donde se tiene un acceso casi ilimitado a la información, los jóvenes están encontrando diferentes maneras de lidiar con temas psicológicos—algunas más eficientes que otras.

Por Ana Paulina Cantú y Silke Enkerlin Madero

Jóvenes universitarios. Foto obtenida por Google.

Síntomas en universitarios

Hoy más que nunca, los problemas de estrés, depresión y ansiedad entre estudiantes parecen estar aumentando: en Estados Unidos, la American College Health Association encontró que más del 50% de los estudiantes han sentido “ansiedad abrumadora”, mientras que varias universidades como Swarthmore College y la Universidad de Pennsylvania reportaron que tenían dificultades para abastecer la necesidad de requerimientos de consejería. [1]

Por otro lado, según un reporte del Higher Education Policy Institute (Hepi) en el Reino Unido, publicado en septiembre de 2016, los estudiantes universitarios son menos felices y tienen niveles de ansiedad más altos que el resto de la población. El reporte indica que es estresante vivir lejos del hogar sin acceso a redes de apoyo que pudieron tener allá, mientras deben adaptarse y lidiar con la incertidumbre del futuro. Aunque muchas universidades en ese país tienen servicios de apoyo efectivos, el estudio encontró que hay demasiada demanda, pues uno de cada tres estudiantes ha demostrado algún síntoma de depresión. [2]

Aunque estos estudios se ejecutaron en otros países, los resultados que presentan no son muy diferentes a la realidad que viven los estudiantes del Tecnológico de Monterrey que buscan apoyo en Asesoría y Consejería, el departamento que trata estudiantes que buscan apoyo con problemas personales o emocionales.

En una encuesta realizada en línea a alumnos del campus, varios expresaron que sentían que los consejos eran muy básicos y superficiales y el tiempo de espera para recibir una cita demasiado largo, cuando muchos decían tener una urgencia por ser atendidos. Sin embargo, es importante mencionar que muchos alumnos van en busca de terapia psicológica, y eso es algo que según la directora de Asesoría y Consejería, Minerva Cardona, no es posible.

“Podemos llegar a saber cuando estás mal, pero no podemos darte una terapia, porque no somos una institución de salud”, explicó en entrevista.

Cardona entró a dirigir el departamento este semestre, y mencionó que ha encontrado que es necesario enfocarse en el crecimiento personal de los alumnos y tener más consciencia sobre temas de diversidad. Afirma que tienen áreas en las que trabajan muy bien y otras que deben mejorar, como el hecho de que deben ser más personas y más eficientes.

“La indicación que le he pedido a la gente […] es que cualquier alumno que venga en este momento diciendo ‘necesito hablar ahorita con alguien’—y el ahorita es importante mencionarlo—por lo menos le vamos a hacer una entrevista.”

Cuando no hay diagnóstico

Una pregunta dentro de esta investigación era de dónde obtenían su diagnóstico los estudiantes que no van a terapia. Abundan fuentes de información sobre los síntomas de trastornos de ansiedad, depresión, entre otros, pero la presencia de un síntoma no necesariamente indica que uno sufre ese trastorno.

Esto combinado con artículos estilo listicle que bromean sobre trastornos—como este o este—pueden llevar a que una persona se auto-diagnostique un trastorno sin haber acudido con un profesional, aunque los artículos casi siempre son escritos o recopilados por personas que sí los padecen.

“Yo creo que eso va de la mano mucho con desinformación, de no saber qué implica tener un trastorno”, comentó Andrés Ayala, estudiante de psicología clínica en el Tecnológico de Monterrey.

“Hay características de personalidad y rasgos de personalidad que son problemáticos para la persona […] que implican literalmente tener ansiedad, sin embargo eso no significa que sea patológico. Y ese es el problema, que la persona considera que tiene una cuestión patológica cuando muchas veces es un rasgo.”

Buscando refugio en las redes sociales

Se puede ver cómo los jóvenes en diferentes situaciones buscan ayuda psicológica pero, generalmente, son incapaces de conseguirla por una gran variedad de razones—falta de conocimiento, recursos, personal para atenderlos, entre otras. Esto los puede llevar a conducir el autodiagnóstico del que se habló anteriormente, pero también los puede llevar a buscar el apoyo o ayuda que necesitan dentro del mundo de las redes sociales.

Y es que esta búsqueda tiene fundamento, ya que como lo explica un artículo en The New York Times [3] las personas han creado tres importantes (y adictivas) fantasías en torno a las redes sociales: que uno siempre va a ser escuchado, que uno puede canalizar su atención hacia donde quiere y que nunca se tiene que estar solo.

Estas fantasías pueden estar ausentes del pensamiento consciente de las personas, pero en ocasiones su comportamiento revela que están presentes en un nivel más profundo. Para entender esto, se realizó una encuesta a 72 personas entre 18 y 24 años de edad para observar detenidamente la percepción que tienen los jóvenes sobre las redes sociales.

En una pregunta se le pidió a los encuestados a hablar sobre los sentimientos que les provocaba recibir más retroalimentaciones positivas de las esperadas por contenido publicado. Sus respuestas hablaban sobre aprobación, alegría, orgullo y hasta amor. Por otro lado, un 25% de los encuestados admitió haber eliminado contenido después de que recibieran menos retroalimentaciones positivas de lo esperado. Esto demuestra la nueva interpretación de afecto que ha adquirido un like o comentario, pero también deja ver hasta qué punto llegarán las personas para preservar una ilusión.

Número creciente de seguidores. Animación obtenida por Google.

Otra respuesta interesante de la encuesta fue que el 75% de los encuestados cree que la personalidad de una persona de alguna manera se refleja en sus redes sociales. Esta idea resulta extraña si se considera que lo que realmente hace uno al presentarse en las redes sociales es crear, o fabricar, una imagen de sí mismo. Es decir, la persona que uno presenta en las redes sociales nunca podrá ser la persona verdadera, ni siquiera se podría hablar de un reflejo de la personalidad porque son características seleccionadas que juegan a ser la totalidad de la persona.

A pesar de esta lógica, existe ahora en las redes sociales un personaje que dice presentarse tal como es y que por lo tanto lo que tiene que decir es un mensaje auténtico: el influencer. Los influencers son personas que por tener ciertas cualidades se posicionan en algún medio digital y tienen un número considerable de seguidores.  

Aunque existe una gran variedad de influencers, los dos entrevistados para esta investigación comparten un perfil muy específico: ambos son jóvenes menores de 26 años de edad que publican contenido de tipo motivacional, es decir, generalmente comparten reflexiones que denotan una visión positiva sobre la vida.

Lo interesante es que ninguno de los dos influencers tiene una formación en psicología, o para el caso en autoayuda, lo cual pudiera legitimar su contenido. Más interesante aún es ver que su legitimidad recae en la personalidad que presentan en su contenido y los seguidores que se adhieren a ella.

Ambos influencers buscan ayudar a las personas por medio de su contenido aunque no necesariamente tengan las herramientas adecuadas para hacerlo. Y es que los dos comentaron que la gente deposita gran confianza en ellos (les envían mensajes privados con problemas personales), revelando así el gran impacto que ellos tienen en la vida de los demás. Lo cual es interesante si se considera que en la encuesta mencionada anteriormente, el 90.3% de los jóvenes confirma que los influencers tienen un impacto sobre sus seguidores.

Con toda esta información, vale la pena preguntarse, ¿qué significa un influencer para un joven que busca ayuda psicológica dentro del mundo de las fantasías adictivas de las redes sociales? Las observaciones de Andrés Ayala ayudan nuevamente a comprender un poco más la dinámica.

Lo primero que determina es que, hasta cierto punto, los influencers gozan un status de celebridad. Por eso es que llaman la atención, a la gente les gusta porque despiertan en ellos una emoción. Con esto empieza un proceso de identificación y de idealización por parte del espectador.

Otra observación que tiene es que el influencer dentro de las redes social tiene una connotación mucho más social que ir con un psicólogo, por ejemplo. Y es que no es lo mismo compartir un video por su mensaje motivacional a que ir a una consulta, ya que lo primero es mayormente aceptado y lo segundo sigue profundamente estigmatizado.

No obstante, aunque la sociedad les dé la bienvenida, los influencers no necesariamente tienen las herramientas adecuadas para ayudar a las personas, por más que esas sean sus intenciones. En el caso específico de los entrevistados para este trabajo, ambos influencers no tienen una visión completa de temas de salud mental o procesos de vida. Aunque esto no quiere decir que sus experiencias de vida no sean valiosas, es importante llegar a la conclusión de que lo que les ha funcionado a ellos en su proceso personal no necesariamente es lo que le va a funcionar a su público.    

Por último, Ayala menciona que aunque el coaching—siempre y cuando esté bien fundamentado—sí puede provocar estímulo positivo en jóvenes que necesitan sentirse escuchados, esto no reemplaza la ayuda adecuada. Fomentar ayuda psicológica o hacer consciencia sobre temas de salud mental podría ser algo de mucho valor que influencers como estos pudieran compartir.          

¿Hacia dónde vamos?

Ayala reflexionó que tanto el autodiagnóstico como considerar que las cosas se resuelven con cambios de actitud tienen su lado positivo y negativo. Explicó que una persona no se va a ayudar si se categoriza como alguien con un trastorno, pero que hacerle caso a alguien que tal vez no sabe de qué habla o está limitado por sus experiencias tampoco es benéfico.

Encontró que el autodiagnóstico puede tener su lado positivo porque una persona puede darse cuenta de que sí tiene un problema y así decidir buscar ayuda profesional, en lugar de sólo quedarse con lo que encontró en Internet.

“Incluso de este lado [influencers] si lo intentas […] y hay personas que les va a funcionar y van a decir ‘ok, tenía un problema de actitud y decidí cambiarla, y ahorita me siento mejor’, excelente”, dijo. De la misma manera, Ayala espera que habrá gente que seguirá los consejos de los influencers y se dará cuenta que no le funcionan y buscará ayuda con alguien especializado en psicología.

Tomando esto en cuenta, podemos concluir que existe información estimulante dentro de las redes sociales a la cual los jóvenes responden, sin embargo, esto no sustituye la ayuda psicológica que, dependiendo del caso, pudieran estar buscando. Tanto la falta de discernimiento como la presentación de información parcial crean una situación de confusión de conceptos pero, sobretodo, de una ayuda que se necesita pero que no se está recibiendo.  

Aunque es cierto que las instituciones educativas no son centros de salud mental, esta investigación muestra la situación en la que se encuentran los jóvenes, la cual difícilmente puede ser ignorada y de alguna manera u otra debe ser atendida. Se necesita mayor preparación y sensibilidad para orientar a jóvenes que, a fin de cuentas, se acercan para sentirse apoyados y acompañados.   

Los datos presentados en esta infografía se obtuvieron de encuestas realizadas para esta investigación. Realizada por Silke Enkerlin y Ana Paulina Cantú

[1] Wang, A. X. (2016). It’s not just college students. Higher education itself is experiencing a mental health crisis. Quartz <https://qz.com/608367/its-not-just-college-students-higher-education-itself-is-experiencing-a-mental-health-crisis/>

[2] Brown, P. (2016) The invisible problem? Improving students’ mental health. HEPI Report 88. <http://www.hepi.ac.uk/wp-content/uploads/2016/09/STRICTLY-EMBARGOED-UNTIL-22-SEPT-Hepi-Report-88-FINAL.pdf>

[3] Turkle, S. (2012, April 22). The Flight From Conversation – The New York Times. Retrieved from http://www.nytimes.com/2012/04/22/opinion/sunday/the-flight-from-conversation.html?_r=2&pagewanted=all

 

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