Pink Tax: Mercadotecnia o impuesto agregado

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Descubre si los productos femeninos basan sus costos en base a la mercadotecnia o si realmente es una cuestión de género.

Por Kathleen Domínguez

El mundo vive en un machismo constante. No es extraño que en la actualidad las mujeres busquen ganar cada vez más terreno en el área de los derechos de la mujer y quieran que se les trate por igual que a los hombres. ¿Esta lucha incluye los supermercados? La respuesta es probable que sea no, ya que muchas mujeres no son conscientes de que cuando van a comprar artículos de higiene, están pagando más que los hombres en los productos que consumen.

Se ha hablado mucho sobre los estereotipos que existen entre ambos géneros. Si el color rosa se identifica más como femenino o si el masculino debe ser de tono azul. Sin embargo, pocas veces se ha analizado el sexismo que existe entre los productos de consumo cotidiano como shampoo, crema para afeitar/depilar, gel, ropa y más; en la presente investigación se buscará encontrar si existe una diferencia de precios entre algunos productos de uso personal por el simple hecho de tener un tono azul o rosa o si el aumento de precio se debe a un artilugio de la mercadotecnia que aún no hemos entendido del todo.

¿Qué es la tasa rosa?

Se le define como Tasa Rosa al impuesto que se le agrega a los productos de belleza, cuidado personal, juguetes o todo aquel producto que tenga una versión femenina o masculina. En 2015 se anunció que en Estados Unidos las mujeres pagan hasta el 7% más por productos como rastrillos en comparación de los masculinos. En México, el periódico milenio afirmó que las mujeres pueden llegar a pagar hasta un 10% más, todo por artículos que cumplen la misma función.

Existen artículos previos que hablan sobre las diferencias de costos entre productos para hombres y para mujeres. Un ejemplo de ello es la investigación realizada por fucsia. Co donde hizo una comparación entre los precios de desodorantes, productos de aseo capilar, de afeitado y de aseo personal en Colombia, en sus resultados encontró qué aunque el producto para hombres prometía ser más experto en el área no impactaba en el precio y se mantenía más bajo que el costo para los productos de mujeres.

Otro de los artículos que habla sobre las diferencias entre los costos asegura que no sólo se cometen injusticias con los precios en artículos femeninos, sino que también sucede con los precios de cosas para hombres. Por ello se basa en que no es que el mercado haga más caros los productos sólo por el hecho de ser mujer u hombre sino por el estudio de mercado detrás del comportamiento del ser humano. Basa su investigación en que los costos van más allá del feminismo o el machismo sino que se basan en leyes mercadológicas clásicas como la oferta y la demanda.

En un artículo de elconfidencial.es mencionan que la diferencia de precios es real y que se le denomina como la tasa rosa donde se cobra un impuesto extra a los productos dirigidos a mujeres. Y menciona que va más allá de los productos de uso personal sino también en servicios como peluquería, maquillaje y tintorerías. Para comprobarlo muestra ejemplos de gente que ha tomado sus propis fotografías relativas a la Tasa Rosa en España.

 Mercado Mexicano

Para buscar comprobar los costos en México se visitó el supermercado Soriana Hiper ubicado en Avenida Eugenio Garza Sada y Walmart las Torres, dos supermercados que compiten en precios y en clientela. Se eligieron estos dos supermercados ya que son de los más recurridos para las compras y tienen precios similares. En ambos se compararon los precios de ciertos productos de uso cotidiano como ropa interior, champú, crema para afeitar, crema corporal, crema para la cara, rastrillos, entre otros.

Una de las primeras cosas que salto a la vista es que calcetines de tipo teen de la misma marca variaban el precio entre hombres y mujeres (M:$35 y H: $27), de igual manera la ropa interior varia de precio ya que las prendas para caballero se suelen vender hasta en paquetes de seis con un precio no mayor a $150 pesos y para las mujeres un paquete con 3 piezas puede llegar a tener un costo de $120 pesos.

En el área de champús los productos de hombres y mujeres se encontraban separados. A la hora de comparar precios de marcas como Head & Shoulders, que manejan tanto su versión masculina como femenina, se encontró que los precios eran exactamente iguales en su versión pequeña y grande. Sin embargo, no ocurría lo mismo en champús especializados como Ego, qué es un producto exclusivo para hombres que manejaba precios por botella de $59 pesos y otro producto similar de uso femenino podía elevar su costo en un rango de $90 pesos y $200. Si bien es cierto, que en el área de Shampos hay productos de donde escoger, el área de artículos para mujeres tenía un costo elevado entre más prometiera (aun cuando fueran los mismos ingredientes que su contraparte masculina).

Con productos como desodorantes y rastrillos ocurría algo similar. Los productos para hombres tenían cierto precio que iba en un rango de $49 pesos a $120 y en las mujeres los costos se elevaban hasta $240. Sin embargo, es importante aclarar que en esta área los hombres no tienen realmente opciones baratas para comprar a diferencia de las mujeres que tienen una amplia gama de productos entre los cuales escoger, entonces si los hombres saben que por un Champú o un rastrillo de color rosa o destinado al mercado “femenino” pueden ahorrar y obtener el mismo resultado ¿por qué siguen comprando el más caro que dice ser para su género? Y lo mismo sucede con las mujeres. Aun sabiendo que los productos de hombre en algunas cosas son más baratos y cumplen la misma función se siguen consumiendo los de costos elevados.

¿Por qué compró lo que compró?

 La respuesta de porque compramos como lo hacemos va más allá del precio, es una cuestión de mercado y marketing. De acuerdo con una investigación realizada por el huffington post, la Tasa Rosa se eleva por la demanda que tienen los productos. Es decir, los productos de uso femenino se demandan más que los de hombres, esto genera una competencia más fuerte entre cada una de las marcas que prometen tener el mejor producto.

Josep Llarós Masllorens, profesor de Estudios de Economía y Empresa en la UOC menciona que la publicidad es uno de los pretextos que utilizan las empresas para elevar los costos en los productos femeninos. De igual manera, Llarós señala que consumimos como lo hacemos por los valores arraigados que ya se tienen en cuánto a estereotipos. Las mujeres compran productos más caros para expresar la feminidad que se le ha inculcado- “para lograr una cara hermosa, necesito el mejor producto”- parecen pensar y si esto sucediera en hombres automáticamente se le juzgaría por su compra diciendo que es metrosexual por cuidar de más su aspecto personal.

Para comprobarlo se realizó una entrevista a un hombre de 22 años que se encontraba en el área de Champús sobre por qué prefiere consumir un producto para hombres en lugar de uno para mujeres que era más barato y como diferencia que un producto es para mujer y otro que es para hombre.

“Se nota en la forma de la botella, la manera en que lo presentan. En los productos para hombre no viene específicamente por qué debes comprarlo. Lo único para lo que hacen referencia las marcas de hombre es para fijado extremo, pero no te dice que si tienes rizos debes usar este producto” mencionó, posteriormente aclaró que consume en base a los colores del producto cuando no sabe si son para hombres o para mujeres a lo que mencionó que una para como Tresseme le parecía que era para hombres porque la forma de sus botellas no es “afeminada” y tienen colores más oscuros.

Por otro lado, se realizó una entrevista a una mujer que se encontraba en la misma área sobre sus hábitos de compra en cuanto a champú, a lo que respondió que escoge un producto en base a lo que le promete más que en base al tamaño. También mencionó que su decisión se basa en la publicidad que ve en la televisión, ya que, aunque sabe que puede obtener un resultado similar de una marca como sedal prefiere comprar L’oreal porque la considera superior a la otra.

La Tasa Rosa, es una realidad que se vive en el mercado, sin embargo, se basa en la oferta y la demanda lo cual quiere decir que nosotros mismos como consumidores hacemos que los costos sean más caros en base a nuestras construcciones culturales. No es una decisión racional la que tomamos cuando estamos en el supermercado, sino nuestra educación de consumo y género arraigada. Las mujeres consumen productos más caros por el simple hecho de verse mejor y los hombres no consumen productos que les dejen un olor a mujer en el cabello por miedo a ser catalogados como homosexuales. La Tasa Rosa no es una invención, pero tampoco es culpa al 100% de las marcas, sino que nosotros mismos la hemos creado como consumidores.

 

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