Mahouts: el nexo entre elefantes y turistas

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La historia detrás de los Mahouts: el nexo entre elefantes y turistas en los “Santuarios de elefantes” en Tailandia

Fotografía por Gualy Vargas, Chiang Mai

 

Mahout May Tau Tau y Nooklae, elefante rescatado por Ran-Tong Save Help and Rescue center

 

 

 

Al norte de Tailandia, en la provincia de Chiang Mai, se encuentra Mae Taeng, una villa en medio de la jungla,  la cual depende económicamente de los campamentos de elefantes que se encuentran ahí.  Entre estos campamentos, está el Santuario Ran-Tong, uno de los pocos santuarios íntegros del país propiedad de un tailandés.  Su fundador Mr. T, dirige el santuario bajo la idea de “negocio familiar”, lo que para él significa que tanto los trabajadores en oficina,  en campo, voluntarios, elefantes y mahouts son considerados y tratados como tal: familia.

Ran-Tong emplea alrededor de 30-35 burmeses que escaparon de la junta militar de Myanmar, hay desde los 15 años a los 60 y cada uno tiene una historia muy peculiar, vienen de diferentes tribus y hablan diferentes dialectos, sin embargo todos se entienden entre sí.

Gaga, Burmés de la tribu Shan

Gaga, no quiso ser mahout debido a que no consideraba que fuera bueno con los elefantes, su labor consta de hacer guardias por la selva, recolectar frutos y bamboo de la misma, sirve de traductor entre voluntarios, trabajadores y mahouts y de chofer. Cazó una tarántula, le quitó los dientes y la tiene de mascota, usa hojas de bananos como labello y canta canciones de su tribu mientras maneja.  De 39 años, luce un rostro de 50, quizás por el sol y las largas y tediosas horas de trabajo sin embargo sonríe todo el día, todo el tiempo.  Gaga es de la tribu Shan, huyó de Myanmar a sus 20´s. Cruzó por la jungla hasta llegar a Tailandia, aprendió a hablar inglés, tailandés y un poco de francés, al principio daba tours por la jungla a turistas aventureros, más tarde se convirtió en la mano derecha de Mr. T para la fundación de Ran-Tong.

 

Gracias a su trabajo, Gaga ya cuenta con pasaporte Tailandés al haber obtenido su permiso de trabajo  años atrás, ahora ha conseguido la nacionalización, la cual le permite ir a visitar a su mamá, quien es de las mujeres más sabias de su villa debido a su edad.

 

¿De qué y dónde vienen?

 

Mapa de los estados de Myanmar por Burma Alliance

Myanmar, anteriormente Burma tiene más de 135 grupos étnicos de los cuales uno predomina en tamaño abarcando dos tercios de la población total, por lo cual controla el gobierno y la milicia. Las minorías étnicas restantes, viven en las zonas fronterizas ricas en recursos naturales y las montañas del país, comunidades que el gobierno militar ha ido despojando de sus tierras para el uso de los recursos naturales de las mismas. Como resultado, los grupos minoritarios se han convertido en lo que UNHCR llama “desplazados internos” o refugiados en países vecinos.

 

La constitución de 2008 no protege a las minorías étnicas, sino que durante el gobierno de junta militar (1962-2011) autorizó a la milicia de disponer de las vidas de los mismos, lo que conllevo a un periodo de alta violación a derechos humanos, que hasta la fecha continúa y del que no ha sido posible obtener datos, documentación y cifras exactas.

La educación está controlada por el gobierno y promueve la discriminación étnica y prohíbe a las minorías aprender  tu propia lengua y cultura.

Los refugiados en países vecinos, en este caso, aquellos refugiados en Tailandia, son obligados a permanecer en centros de detención donde no tienen acceso a trabajos pagados, lo que los lleva a huir de los mismos y buscar ilegalmente los trabajos que los ciudadanos tailandeses evitan, entre los más comunes es el de mahouts.

 

Mahout significa “poseedor de elefantes”, más no es lo mismo que el propietario.

Muchos propietarios de elefantes alquilan mahouts para trabajar con sus elefantes. El término ‘mahout’ implica una gran habilidad física y cultura tradicional tailandesa, para la que tiene un gran significado espiritual.

A lo largo de Asia casi todos los mahouts están en desventaja y muchos son oprimidos. La modernización ha traído consigo una percepción de inferioridad y aislamiento a quienes se dedican a oficios “antiguos”. Socialmente, tienen un gran respeto por el elefante, pero muy poco para el mahout, que sigue siendo una especie de hombre invisible, se le ve a menudo como un hombre sin educación.
En cuanto a su calidad de vida, el ingreso es mínimo, tienen una vida social antinatural, involucra largas horas de trabajo con muy pocos días libres y pasa la mayor parte del tiempo con otros hombres y sus elefantes lejos de sus familias. Debido a lo anterior, muchos mahouts tienen una tendencia a caer alcoholismo y muchos sufren de depresión. Ante estos casos, es poco probable que estos mahouts muestren compasión, respeto o amor hacia su elefante, especialmente en los casos de alcoholismo.

Los mahouts contratados sin experiencia natural y cultural y afecto por los elefantes a menudo ven a sus elefantes como la causa de sus males y lo tratan en consecuencia.

 

Yahong Chom

Su elefante responde por el nombre Chom Chom, no supé nunca si Yahong le dio su nombre por él o si escogió su apodo por su elefante. Tiene 24 años, lleva 2 en Tailandia y pertenece a la tribu Kachin, su escapé le tomo cerca de 2 meses entre las montañas que dividen Myanmar y Tailandia hasta llegar a la frontera, donde estuvo otros 2 meses de refugiado en un campamento hasta que fue llevado a Chiang Mai por uno de sus amigos para trabajar en un campamento de elefantes. Su novia, con quien escapó sigue en la frontera, no puede hablar con ella pero sabe que lo está esperando por que le hizo esa promesa. Chom huyó de su país porque los militares visitaban mucho su villa “nos tiraban nuestra comida entonces teníamos que pasar días sin comer por que las mujeres tenían que comer primero, ellas trabajan muy duro también, a veces se llevaban niños para reclutarlos y yo quería tener una familia”. Elizabeth Wright, una voluntaria permanente en el santuario ha ayudado a Chom a aprender inglés de forma que pueda contar de primera mano su historia y la de su villa.
Elizabeth Wright y Yahong Chom

 

 

“The best mahout will not only establish love, but have the elephant respect him as much as he respects the elephant.” – Preecha Phaungkum, veterinaria de elefantes al periódico Sarakadee

Un buen mahout hace vinculación con su elefante durante muchos años, ganando una relación como ninguna otra; esto contribuye a reconocer signos de enfermedad o  estrés en el elefante.
Es un oficio típicamente transmitido a través de las generaciones; por lo general los hombres van a trabajar con el papá y el elefante desde una edad joven para aprender las habilidades y conocimientos necesarios para convertirse en un buen mahout. Crecer en y alrededor del bosque ayuda a los nuevos mahouts a comprender el hábitat natural de los elefantes, incluyendo el aprendizaje de las plantas que componen la mayor parte de su dieta y que pueden usar para curar heridas y algunas otras enfermedades.

Hero, de la tribu Karen y Superman después de un día de trabajo


Mahoutship was once a highly honorable position in traditional Asian societies, but modernization has brought drastic change, says Richard Lair, an acclaimed Asian elephant specialist who has spent over 35 years working with the species in Thailand.” The human cost of elephant tourism” de The atlantic por Hilary Cadigan, Mayo, 2016

 

Un mahout es el humano que permite la interacción entre turistas y elefantes, su trabajo consiste entonces en ser quien controla al elefante. Si bien, las minorías étnicas tanto de Tailandia como de Myanmar tienen en sus raíces culturales la veneración a estas criaturas así como su domesticación, la mayoría los jóvenes refugiados que terminan en estos empleos conocen poco sobre el oficio que muy probablemente ejercieron sus abuelos. Los campamentos de elefantes han crecido en escala con el turismo en Tailandia, siendo muy pocos los que realmente buscan el título de santuarios ofreciendo una calidad de vida tanto a los elefantes como a sus cuidadores.

En su mayoría, los campamentos son propiedad de una clase de ricos nuevos que compran elefantes como mercancía dispensable, contratan jóvenes refugiados, a los que consideran mano de obra barata y sin dar entrenamiento alguno los lanzan a trabajar con animales que pueden llegar a ser extremadamente peligrosos. Esto ha llevado a la percepción de que los elefantes son víctimas del mahout, y el mahout es un abusivo, cuando en la realidad se ignora las situaciones e historias detrás de estos jóvenes. En realidad, ambos son víctimas de la industria del turismo irresponsable. Un reportaje de The Atlantic sobre la muerte de un mahout que fue atacado por su elefante expresa que de acuerdo a los compañeros del difunto, en estos casos, el dueño del campamento no tiene por qué pagar a la familia, “es lo mismo a que si hubiese muerto una gallina o un perro”.

 

¿Cómo funciona un Santuario de Elefantes en Tailandia?

Gualy Vargas
Ran-Tong Save and Rescue Elephant centre en Chiang Mai, Tailandia

En el caso de Ran-Tong y la mayoría de los santuarios, su principal fuente de ingresos proviene de los turistas, los elefantes tienen un “trabajo” el cual ayuda a pagar por su comida, casa, veterinaria y cuidadores. Su trabajo consiste en dar tours en los que no se ponga en riesgo su integridad física y mental, los santuarios responsables promueven el no montar los elefantes o de hacerlo, aprender a hacerlo sin silla, como lo hacen los mahouts, ya que la silla daña su columna y la piel de sus espaldas, bañarlos en ríos y lodo, prepararles comida y acompañarlos en sus caminatas por sendas tropicales.  Para ser montado, el elefante tiene que ser domesticado; lo cual es un proceso brutal llamado “Phajaan” o “El aplastamiento”, donde los elefantes jóvenes son separados de su madre y encerrados dentro de pequeñas salas oscuras, así como el empleo de toro-ganchos para lograr la obediencia. Los elefantes en los santuarios fueron rescatados de situaciones de trabajo forzado en plantaciones agrícolas donde son usados como tractores, de personas que los cazan de su hábitat natural y los llevan a la ciudad a pedir “limosna” en las calles a cambio de fotos o de campamentos de turismo irresponsable dónde se les monta con sillas, no se les da una alimentación sana y se les tortura para ser domesticados. Para rescatarlos, los santuarios tienen que comprar al elefante por sumas que van desde 1 millón de pesos las hembras y hasta 2 millones los machos, el precio varia dependiendo el tamaño, edad y condición del elefante.

Al preguntarle a la veterinaria especialista en elefantes, Prakaykul Khanproa sobre la experiencia que tienen estos al realizar los tours, nos comentó que como elefantes rescatados, trabajar en un santuario como Ran-Tong es lo equivalente a “estar de vacaciones”, como máximo hacen 2 tours al día, 4 o 5 días a la semana dependiendo del estado de ánimo de cada uno, las caminatas les sirven como su ejercicio diario y el peso de 1 turista no es nada para ellos mientras se coloque en la zona entre su cabeza y cuello. Bañarse en el agua, jugar en el lodo y ser alimentados con caña de azúcar (son como dulces para ellos) es una forma de terapia en la que empiezan a reconectar con los humanos de una forma sana y empiezan a desasociarlos con terror, son el mamífero con mejor memoria por lo que les cuesta mucho olvidar su pasado de tortura y explotación.

 

Jimmy en la puerta de su casa dando los buenos días

Jimmy

Actualmente 3 años de edad, Jimmy es la bebé del Santuario, nació allí y vive con sus papá mahout y su mamá Pee O, quien ayuda en la cocina. Jimmy ha crecido en el santuario por lo que está acostumbrada a estar rodeada de elefantes y selva, camina descalza por la vida recolectando flores para su mamá y persiguiendo conejos y gallinas. Son un caso especial, aunque muchos mahouts logran escapar junto con su pareja, son raros los casos en los que un santuario hospeda a toda la familia y aún más los casos en los que logran escapar ambos. Durante los días que pasé en Ran-Tong, pude platicar con algunos de ellos, son muy pocos los que hablan poco o algo de inglés, los más jóvenes (15-17 años) pueden asistir a la escuela de la villa, sin embargo les interesa muy poco, al preguntarles el porqué, dicen que ya tienen todo lo que necesitan, que después de dónde vienen ahora se encuentran en un “paraíso” “tengo comida, techo, estoy seguro y sobre todo, hay internet y con el internet puedo escuchar mi música en YouTube, no necesito más, aquí está mi familia” – May Tue, 22 años, mahout en Ran-Tong

 

 

 

 

 

 

 

 


 

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