Esclavas en el siglo XXI

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Por Diana Doria

En México, 95 de 100 de los empleados domésticos son mujeres (fuente: INEGI)

Muchos se refieren a ellas como la alegría del hogar, pero son comúnmente llamadas “muchachas”. Lavan, planchan, cocinan, cuidan niños, pasean perros y conviven. Ellas están disponibles para atender las necesidades de los empleadores de forma discreta. En su gran mayoría proceden de zonas rurales del país, muchas son indígenas cuya única opción de apoyar económicamente a sus familias es salirse de sus “ranchos” para encontrar trabajo en la ciudad. Por las tareas de limpieza doméstica, reciben remuneración monetaria y prestaciones en especie como hospedaje y alimentación.

“Desde los once años me salí de mi casa y me vine a la ciudad a buscar trabajo. Tuve que decir que tenia 13 años para que alguien me contratara y así conseguí mi primer trabajo de quedada” comentó Alejandrina González Galarza, originaria de Ciudad del Maíz en el estado de San Luis Potosí. A sus 21 años ya tiene 10 años de experiencia laboral como empleada doméstica. Sus primas, hermanas y amigas viven una situación similar ya que la gran mayoría también migraron hacia Monterrey para generar ingresos.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de 2015, son 2.3 millones de personas las que se dedican al trabajo doméstico remunerado. Dentro de las diferentes categorías dentro de este apartado, el grupo más representativo es el de los empleados domésticos cuya principal tarea son los quehaceres de limpieza en las casas particulares, además de otras actividades complementarias. Este grupo esta compuesto en su mayoría por mujeres ya que de 100 empleados de hogar, 95 son del sexo femenino.

 Sin contrato no hay derechos

Cuando una señora busca “muchacha” se apoya en amigas y familiares para encontrar alguna chica que venga con recomendaciones y algo de experiencia, pero hay casos en donde la desesperación por encontrar empleada doméstica las obliga a aceptar a niñas que recién han salido de sus casas para empezar a trabajar.

Sandra Prado es una ama de casa y cuenta con una empleada doméstica de quedada que tiene apenas 15 años y la apoya con todas las labores del hogar. Ella como la gran mayoría de las mujeres pertenecientes a la clase socioeconómica media y media-alta no emplean a las mujeres bajo algún tipo de contrato escrito.

“Yo lo único que les digo cuando van a entrar a trabajar en mi casa, es el sueldo que tendrán al mes, las reglas de la casa y las tareas que tiene que hacer diariamente y si están de acuerdo empiezan inmediatamente” dijo Sandra.

Nueve de cada diez trabajadoras domésticas no cuentan con contrato laboral. (Fuente: CONAPRED)

Se puede decir que los contratos por escrito para las empleadas domésticas son una aguja en un pajar en México y por ende los derechos y obligaciones de la empleada y el empleador no terminan por quedar claros.

La legislación de derechos en materia de trabajadores domésticos fue elaborada en 1931 y sigue vigente. Sin embargo, las obligaciones y derechos de los empleados y empleadores de trabajos domésticos esta situado dentro de la categoría de “empleos especiales” lo cual refuerza la diferencia que hay entre este trabajo con relación al resto.

Además, los artículos 331 a 339 que se encuentran dentro de este apartado, se caracterizan por ser ambiguos. En termino de jornadas laborales, no se especifica los días de descanso de los que dispone el empleado y simplemente enuncia que los trabajadores domésticos deberán disfrutar de reposos suficientes para tomar sus alimentos y de descanso durante la noche.

Asimismo tampoco se establece la obligación del empleador de registrar al trabajador al seguro social y solo lo obliga a hacerse cargo de sus gastos médicos en caso de alguna enfermedad hasta que se recupere por completo.

Alejandrina recuerda cuando cayó por las escaleras mientras trapeaba en una casa donde trabajaba anteriormente. “La señora de la casa vio cuando me caí, y yo le dije que no me podía parar porque me dolía demasiado. Ella me dijo que no exagerara, que era un golpe leve y que ella no iba a estar gastando en doctores.”

Al laboral en un ámbito privado y poco protegido por la ley, los derechos del empleado están sujetos al criterio y buena voluntad de quien contrata. Según la Encuesta Nacional de discriminación en México solo 6.8% de las empleadas domésticas cuenta con algún tipo de prestación como IMMS, prima vacacional, vacaciones, vivienda, AFORE, etc.

Carolina González, empleada en un hogar al sur de Monterrey sabe que su sueldo por trabajar en una casa grande, con tres niños, esta por debajo del promedio. “Aquí me pagan mil doscientos pesos a la semana y yo conozco a otras muchachas de por aquí que les dan hasta casi dos mil pesos por semana. Pero la verdad no me atrevo a salirme porque esta familia me trata bien y cuando me enfermo si me llevan al doctor, luego hay otras señoras que no hacen eso”

El salario promedio de una empleada doméstica se encuentra entre los 500 y 1300 pesos a la semana y aquellas que trabajan de planta son más propensas a sufrir explotación laboral al no haber horarios fijos de trabajo y descanso. Las migrantes indígenas son las primeras en ocupar los puestos de planta. Según la INEGI el trabajo doméstico es el empleo más desempeñado este segmento de la población.

Luchando por un trabajo digno

Las “muchachas” construyen un colectivo especialmente vulnerable, al ser la mayoría mujeres indígenas, muchas menores de edad, empleadas en el sector informal y al vivir en casas ajenas. Es por eso que en el año 2000 nace el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleados del Hogar, CACEH por sus siglas. Su principal objetivo es la promoción y defensa de los derechos humanos y laborales de las empleadas domésticas, así como también crear una nueva concepción sobre el trabajo doméstico remunerado en el país.

Integrantes de CACEH (fuente: CACEH)

CACEH cuenta con distintas actividades como capacitaciones en donde logran reunir 30 mujeres en cada uno de los 20 talleres que imparten al año. Asimismo,
esta organización también busca educar a las mujeres sobre sus derechos humanos, labores, sexuales y reproductivos y ayudarlas a encontrar trabajo en hogares en donde los empleadores se hayan comprometido a proporcionarles un trabajo digno bajo los lineamientos establecidos por la organización internacional del trabajo.

 

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